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Todas las preguntas que tenía sobre las creencias cristianas quedaron resueltas. Aprendí del Corán las siguientes cosas:

1. Jesús no era Dios. Tampoco era el Hijo de Dios.

2. Él no fue crucificado.

3. Él no murió por nuestros pecados.

4.    No existe la llamada Trinidad.

5. Creer lo contrario a lo anterior es blasfemia.

No hay una sola declaración en el Corán que no tenga sentido. De hecho, encontré todas las respuestas a otras preguntas sobre la vida y la muerte en el Corán. El Corán es la Palabra de Al-lah. No hay duda de ello. He investigado la fuente del Corán. Estudié la vida del Profeta Muhammad, que la misericordia y las bendiciones de Dios sean con él.

Lloré leyendo su historia.

No hay lugar para la fe ciega en el Islam. Dios nos pide que usemos nuestra capacidad de razonamiento y nuestro sentido común para llegar a la Verdad.

He encontrado la Verdad. Lo único que necesitaba era abrazar el Islam declarando que no existe divinidad sino solo Dios (Al-lah), y que Muhammad fue el Mensajero de Al-lah.

No podía pensar en nada más. Hablé con mi esposo sobre el Islam. Discutíamos casi a diario sobre religión. Mi esposo se aferró aún más a la Biblia, diciéndome que no podía negar a Cristo. Él no me tomaba en serio. Me dijo que yo podía creer lo que quisiera.

No tenía objeción si yo quería abrazar el Islam.

Sin embargo, había un problema. Descubrí que si abrazaba el Islam diciendo la Shahadah (la declaración musulmana de fe), mi matrimonio con mi esposo quedaría automáticamente disuelto. No se le permite a una mujer musulmana casarse con un no musulmán ni con un incrédulo. En el Islam, la esposa debe obedecer a su esposo. El esposo es la cabeza del hogar y el líder. Entonces, si el esposo es cristiano, ¿cómo puede la mujer musulmana obedecerlo? El Islam no puede ocupar una posición secundaria en el hogar. La verdad, y no la falsedad, debe tener la ventaja.

Tuve que tomar una decisión. Abrazar el Islam (la verdad) o continuar mi vida con mi esposo como cristiana. Amaba mucho a mi esposo. Había dejado mi país para venir a vivir con él, y él me importaba más que cualquier otra cosa en el mundo entero. Sin embargo, no podía vivir con la falsedad. Sabía que sería muy difícil para mí practicar el Islam en esas circunstancias. Así que decidí abandonar a mi esposo.

Pensar en dejarlo me rompió el corazón. Lloré sin parar. Pero me mantuve firme en mi decisión. No tenía idea de lo que iba a pasar después que lo abandoné. Puse todo en las manos de Al-lah. Le dije a mi esposo lo que estaba por hacer. Solo cuando escuchó lo que le decía, comenzó a tomarme en serio. Decidió investigar el Islam. Me pidió que le diera algún tiempo para aprender sobre esta nueva religión.

En ese momento, el principal pensamiento en la cabeza de mi esposo era que no quería perderme. Él probablemente creía que yo estaba chiflada. Pero siguió estudiando y leyendo sobre el Islam. Toda su vida, había sido cristiano y todo lo que le enseñaba el Islam era muy nuevo y extraño para él.

El 6 de octubre de 2000, mi esposo y yo abrazamos juntos el Islam. Sin embargo, mi esposo aún no comprendía muchas cosas. Él no sabía lo que continuaba en su vida, y probablemente pensó que toda su vida se había puesto de cabeza. Abrazó el Islam porque no quería perderme. Leía el Corán a veces, pero leía más su Biblia. No me preocupó lo que hacía. Estaba feliz de no tener que dejar a mi esposo, y confiaba en que Al-lah finalmente lo guiaría.

¡Todas las alabanzas son para Al-lah! Mi esposo estaba en la Marina, y tuvo que salir al mar 6 meses. Durante ese tiempo, él tuvo la oportunidad de leer el Corán de principio a fin. Un día, él me envió un correo electrónico diciéndome que no había hecho más que leer el Corán. ¡Simplemente no podía dejarlo! Finalmente, me dijo que estaba convencido de que era la Palabra de Dios. Ahora estaba abrumado por el deseo de hacer una declaración de su fe. Cuando su barco llegó a Australia, de inmediato fue a la mezquita más cercana y le dijo a los hermanos que quería decir la Shahadah. Los hermanos le dijeron que él ya había dicho la Shahadah conmigo, así que no tenía necesidad de hacerlo de nuevo. Entonces, mi esposo les explicó que en ese momento, él no tenía entendimiento. Lo había hecho por mí. Esta vez, él quería hacerlo por sí mismo. Derramé lágrimas de felicidad cuando él me escribió para contarme que había hecho la Shahadah en esa mezquita en Australia.

De los miles de millones de personas que hay en este mundo, estamos muy agradecidos de que Al-lah nos haya elegido para guiarnos hacia la verdad. Es el honor más grande que alguien puede tener.

¡Alhamdulil-lahir Rabbil al Amín! (¡Todas las alabanzas son para Al-lah, Señor de todo cuanto existe!)

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