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Con el padre de mi hijo en prisión, traté de ser más responsable y poner en orden mi vida por el bien de mi niño. Comencé a asistir a la iglesia con mi madre. Pocos meses antes, mi hermano vino de visita, regresó con una esposa cubierta con el velo, y meses después ella estaba embarazada de su primer hijo. Quería caerle bien a mi nueva cuñada, pero en retrospectiva, creo que estaba avergonzada de mi forma de vida y por ello no podía aceptar su modestia. Que Allah la bendiga por su paciencia y su voluntad de continuar compartiendo conmigo el Islam a pesar de mi actitud hacia ella. Mi hermano también trajo a casa a un amigo para que le hablara a mi madre sobre el Islam. Fue el primer musulmán, aparte de mi hermano, que conocí, y recuerdo que su visita sacó a relucir un lado de mí que no sabía que existía. Este musulmán siempre me encandilaba. Ahora sé que era porque él tenía nur (luz, brillo) en su rostro y yo me ponía muy tímida y no podía mirarlo directamente. Cada vez que él nos visitaba, yo salía corriendo a cubrir mi cuerpo a medio vestir. Aún en la actualidad, hago du`aa' (súplica) por el bienestar y la seguridad de este hermano que causó tal impresión en mí, pero nunca volví a verlo. Por esa época, conocí a un hombre que me parecía bueno y responsable, y estaba saliendo con él. Mi hermano y su esposa se mudaron con mi madre, mi hijo y yo, y mi nuevo prometido nos visitaba a diario. Pocos meses antes que naciera mi sobrino, mi hermano y su esposa se mudaron a su propio apartamento, y yo había atacado los nervios de mi pobre cuñada de tal modo, que no pudimos mantener más contacto. Luego me casé con mi prometido y también nos cambiamos de casa.

Después del nacimiento de mi sobrino y de mi matrimonio, comencé a visitar a mi hermano y su esposa. Me conmovió la tranquilidad de su hogar y su vida familiar. Mi cuñada procuró que mi hijo y yo estuviéramos cómodos cuando los visitábamos, y comenzó a contarme un poco más acerca del Islam. A mi esposo no le gustaba mi hermano y hacía comentarios peyorativos en su cara y a sus espaldas, lo que me avergonzaba. Esto causó conflictos en mi matrimonio y comencé a pasar mucho tiempo en casa de mi hermano, ya que mi marido no me permitía trabajar. Con el tiempo me interesé en el velo de mi cuñada y comencé a entender la comodidad que debía sentir al mantener su privacidad. También pude determinar que la tela no era sofocante ni calurosa como siempre pensé. Cuando le comenté a mi esposo que me gustaría cubrirme, él se burló de mí. Él siempre me había instado a vestir ropa atrevida, y creo que lo hacía sentirse bien tener una esposa “sexy”, pero yo no me sentía respetada. Pasados apenas unos cuantos meses de matrimonio, y después de sólo una semana de nuestro bautismo en la iglesia, me confesó que había estado teniendo una aventura y que no quería seguir casado. Una vez más, mi vida estaba en caos y regresé con mi hijo a casa de mi madre.

Por supuesto que, después de eso, pasé más tiempo aún con mi cuñada. Mi hermano y su esposa fueron las únicas personas que me apoyaron después que mi marido me abandonó. La iglesia a la que asistía me dijo que siempre hay una razón por la que un hombre tiene una aventura, y que es por una falencia de la esposa. Ellos también me dijeron que no debía buscar trabajo ni dejar su casa, aun cuando él me había dicho que me fuera, puesto que estaba pecando al crear una vida sin él en lugar de ser paciente y esperar a que él regresara. La iglesia no ofreció pagar por la comida ni por el vestido ni los pañales de mi hijo para que yo pudiera esperar a que “Dios cambiara el corazón de mi marido,” ellos sólo me juzgaron y esto me volvió escéptica. Mi hermano y su esposa entendieron que yo necesitaba cuidar a mi hijo y que mi matrimonio había terminado. Nos ofrecieron su hogar y mi cuñada se ofreció como niñera para que yo pudiera trabajar. Se tomaron el tiempo para explicarme la forma como plantea el Islam el matrimonio, el divorcio y los derechos de la mujer. Me sorprendió mucho descubrir que esta religión supuestamente machista en realidad era más realista y comprensiva con mi situación que lo que había sido mi iglesia.

Infortunadamente, antes que pudiera decirle a mi hermano que estaba lista para vivir con él, se vio obligado a abandonar la ciudad con su familia de manera muy repentina. Después que se asentaron, mi cuñada me escribió y comenzamos a mantener contacto. Después de sólo unos pocos meses, con mi vida todavía hecha un desorden total, decidí que estaba harta de vivir a mi modo. Encontré al exjefe de mi hermano, que era musulmán, y le rogué que me llevara junto con mi hijo a casa de mi hermano. Él cumplió feliz y me dio también un Corán para que lo leyera en el camino. Este hermano fue muy amable y respetuoso conmigo y considerado con mi hijo. Me ofreció casarse conmigo, pero quedé tan anonadada por ello que le pedí un tiempo para estar con mi hermano. Él me envió con mi hermano sin resentimientos y regresó a su negocio.

Vivir con mi hermano y su esposa resultó ser un desafío más duro de lo que esperaba, y éramos terriblemente pobres. Pero hice mi shahadah (testimonio de fe) y viví en una ciudad donde escuchaba el adhán (llamada a la oración) cinco veces al día, y estaba rodeada de musulmanes. También había muchos problemas, pero recuerdo siempre lo bello que era y extraño aquellos días. Mi hermano y su esposa me enseñaron cómo hacer wudu' (ablución), cómo rezar, cómo ser consciente de Dios, y casi todo lo demás que necesitaba saber para comenzar a vivir como musulmana.

Eventualmente, tuve que volver a casa a buscar trabajo y ofrecerle una vida mejor a mi hijo. Dejé de vestir hiyab y niqab (velo facial) e hice lo que debía para hallar trabajo. Había hecho algunas mejoras morales y declaraba orgullosamente que era musulmana, pero encontré muy difícil vivir como una. Mi ciudad no tiene una comunidad muy unida, e infortunadamente, mi pasado antes del Islam se filtró y las hermanas no querían hablar conmigo. Alhamdulillah, encontré un trabajo en el que tenía acceso a internet y comencé a buscar información sobre el Islam y a comprar libros. Esto me llevó también a comprar hiyabs y eventualmente niqabs, a pesar que mi jefe se negaba a dejarme vestir hiyab. Hice muchas amigas musulmanas por internet y construí mi propia comunidad pequeña. También encontré esposo nuevo. Debido a mi impaciencia y a mis opiniones muy estrictas, ese matrimonio falló pronto y lo dejé. Después de dejar a mi esposo, dejé de nuevo el hiyab y el niqab y comencé a vivir de forma un poco alocada. Lo oculté bien, pero no viví islámicamente por un tiempo. Hasta hoy, me pregunto cuánto habría mejorado mi vida si hubiera permanecido con ese esposo, pero aparentemente, Allah tenía otros planes para mí.

Una vez más, conocí a un hombre. Era amable, gentil y generoso, y me enamoré. Pero él no era musulmán. Fui honesta con él y le dije que era musulmana y que sólo podía casarme con un musulmán. Comencé a vestir hiyab nuevamente y él lo aceptó. Él estaba dispuesto a aceptar el Islam, así que hizo la shahadah y nos casamos. Después de algún tiempo, fui bendecida con un trabajo en un servicio por internet y construí nuevamente una comunidad de hermanas. Finalmente, comencé a hacer lo que siempre quise: escribir. Con el apoyo de hermanas en la red, comencé a escribir historias y artículos islámicos. Mi jefe apreció también el punto de vista islámico que me llevó a nuestro trabajo de servicio social, así como la integridad que llevé a la oficina. Estaban complacidos con que yo vistiera hiyab y me apoyaron tanto como pueden hacerlo los no musulmanes.

A pesar que continúo luchando duro, no siempre es fácil. Lucho como cualquier otra persona y mi fe a veces parece fallar. Pero trato de recordar que todo está en las manos de Allah y que en tanto esté luchando contra mi propio nafs (el yo humano) y Lo obedezca a Él, Él me protege. Tengo la bendición de tener muchos amigos por todo el mundo, y espero in sha Allah, mudarme a una comunidad fuerte de creyentes. Es imposible para mí olvidar que Allah utilizó a mi propio hermano menor para llevarme hacia la verdad, y reconozco que esta bendición es única. Aunque mis padres no están dispuestos a oír sobre el Islam, sé que he sido bendecida con una familia con la que puedo compartir este regalo. Pido a Allah que a través de mis escritos Lo glorifique a Él y anime a otros a buscar Su Camino —el único camino verdadero hacia la felicidad y la vida buena—, el Islam.

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