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El 30 de julio de 200 - 4 de Rayab de 1427, por la voluntad de Al-lah, declaré mi Shahadah (No hay dios solo Al-lah y Mohammed es su esclavo y su mensajero).

Creo que era mi destino hacerme musulmana, regresar a mi verdadera religión. Mi historia está ahora frente a ti para que la leas.

No hay mucho qué decir sobre mi formación religiosa. Fui bautizada como cristiana ortodoxa, sin embargo, rara vez entré a una iglesia o practiqué la religión. En Rumania, cuando era pequeña, la religión era tabú debido a las estrictas leyes comunistas. Incluso cuando el comunismo cayó —tenía yo 11 años— mucha gente regresó a la religión, pero mis padres siguieron rechazándola, y el país se mantuvo mayoritariamente secular.

Mi mamá sólo asistía a la iglesia cuando había una boda, un funeral o el bautismo de un niño. A veces me llevaba con ella a la iglesia para encender una vela por los muertos y por los vivos. Curiosamente, nunca me gustó el olor de las velas encendidas, ni la “atmósfera” en general de una iglesia ortodoxa.

En una típica iglesia ortodoxa en mi país no hay asientos, y cuando hay sermón, la gente suele empujar para acercarse al altar. Durante el sermón, tus piernas te duelen tanto que no puedes concentrarte más en el sermón. En general, nunca me gustó cómo suenan los sermones; los ancianos suelen murmurar chismes, hay aglomeración, y nunca sentí ninguna “llamada” religiosa dentro del cristianismo.

En Rumania, dos de mis mejores amigos eran musulmanes, pero no eran practicantes. ¡Yo solía asistir a algunas bodas musulmanas! Fue una experiencia interesante. Entonces, durante mis estudios universitarios en el Reino Unido, tuve compañeros de clase de todo el mundo, y algunos eran musulmanes.

Por mera coincidencia, me sentía cómoda con mis compañeros musulmanes de Marruecos e Indonesia, simplemente porque eran personas tranquilas, joviales y con los pies bien puestos en la tierra, con pasatiempos interesantes, que no estaban acostumbrados a beber como los demás estudiantes. Personalmente, rara vez bebí alcohol, puedo contar con los dedos de mi mano cuántas veces bebí.

En mis últimos meses de mi maestría conocí, por pura coincidencia, a un musulmán maravilloso que más tarde se convertiría en mi esposo. Creo que todos los que lean esto dirán que mi conversión al Islam se debió a mi esposo. Por el contrario, creo que fue el camino y el deseo de Al-lah traer a este hombre a mi vida para que me guiara por el camino correcto.

Mi esposo nunca mencionó el Islam y nunca me planteó la cuestión de que me convirtiera. Le pregunté una vez por qué no hablaba sobre el Islam, y dijo que creía que la decisión religiosa de una persona debe provenir de su corazón, no porque otros la convenzan u obliguen. Mientras yo fuera una de la Gente del Libro [cristianos y judíos], él era feliz.

Llegado el momento en el que estaba insatisfecha con las enseñanzas del cristianismo en general, y especialmente con la rama ortodoxa del mismo, aún creía en la existencia de Dios. Fui conducida al Islam por el hecho de que sus enseñanzas me dieron un sentido de orientación, un sentido de pertenencia a algo que había sentido ya en mi corazón. No tuve ningún problema financiero ni sentimental. Simplemente sentí que el Islam era lo que faltaba en mi vida.

Estaba en el centro islámico local, en un edificio con un bello minarete, a orillas del mar. Desde que me trasladé a Qatar (donde vivo ahora), siempre admiré el edificio, simplemente me deja sin aliento. Pensé que era sólo una mezquita, pero cuando me enteré que en realidad era un centro islámico con una corte de ley islámica, me hice la promesa a mí misma de que si alguna vez hacía la Shahadah sería en ese hermoso edificio. Y Al-lah respondió a mi deseo.

En la mañana del 30 de julio, en el impulso del momento, simplemente tomé el automóvil y me detuve en el centro islámico, y decidí hacer mi Shahadah. Mi esposo no sabía nada al respecto. Se enteró después, cuando lo invité a salir para compartirle la gran noticia. Quedó mudo.

Puedo decir que la reacción de mi familia política me tomó por sorpresa. Lo que quería compartir con mi esposo fue más allá hasta mi suegro y el resto de la familia. La felicidad y las lágrimas de alegría fueron una reacción espontánea. En cuanto a mis propios padres, in sha Al-lah, cuando regrese a casa, habrá un momento propicio para que se enteren y no se molesten.

Quisiera que más y más gente en mi país mirara más allá de lo que muestran los sesgados medios masivos de comunicación sobre el Islam y comenzaran a leer el Corán y a entender la profundidad de esta bella religión llamada Islam.

Por la voluntad de Allah, la gente dejará de encontrar formas ilegales de hacer más y más dinero (a veces a expensas de la amistad y la integridad moral), y dejarán de pelearse, entonces habrá paz en el mundo. Por la voluntad de Allah, la gente comenzará o continuará buscando su llamado interior al deber religioso.


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