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Mi nombre es Mariano Ricardo Calle. Soy de Buenos Aires, Argentina, no de la capital sino de la provincia. Antes de entrar en el Islam, era católico apostólico y romano. Fui bautizado, hice la comunión y la confirmación.

Desde mi niñez estuve conectado con la religión a través de mi madre y mi abuela materna.

Leí la Biblia desde que tenía 7 años de edad. Empecé a leer la Biblia para niños en español. Mis héroes eran David, Noé y Job.


Cuando tenía 11 años de edad, oraba todas las noches. Algunas veces, lloraba mientras le hablaba a Dios. En mi adolescencia caí en las drogas hasta llegar a una crisis a la edad de 21 años. Siempre he estado buscando la verdad.

A la edad de 24 años empecé a orar más, entonces oraba 24 veces por día, un Padre Nuestro, Dos Ave Marías, un Credo y un Gloria, en la ducha, poniéndome de rodillas bajo el agua fría (eso era porque no había agua caliente). Esto lo hice por un año entero. Eso no me ayudó mucho, pero Dios lo sabe mejor.

Al principio del año pasado estaba estudiando los códices Mayas, la Atlántida, la pirámide de Kufu y, al mismo tiempo, estaba estudiando el idioma árabe sólo para saber lo que la letra de las canciones árabes significaban.

Empecé a estudiar el idioma árabe por mi cuenta, con la ayuda de un libro de internet. En dos semanas podía hablar algo; entonces, cuando hice una prueba en el colegio el profesor me elevó al segundo nivel. Me ahorré 4 meses Alhamdulillah; luego entré a la universidad, pero tan solo tomé dos clases. A  pesar de esto, permanecí en contacto con mi profesor a través de correos electrónicos.

En la feria del libro, mi madre tomó dos libros gratis acerca de Islam. Los leí, y las materias sobre ciencia mencionadas en el Corán me parecieron muy interesantes. Leí acerca de Muhammad y sentí que esa persona era un modelo para mí.

Entonces, un día dejé de fumar y de beber. Nunca fui un borracho, pero dejé todo lo que tuviera que ver con el alcohol. Esa fue mi propia decisión, y nunca pensé en ser un musulmán hasta el día en el que dije mi Shahadah.

Pensé en comprar un Corán para leer algo en árabe y de esa forma aprender más rápido. Mi profesor me dijo que yo podía obtener uno de manera gratuita en la mezquita de Palermo (Buenos Aires).

Ese mismo día fui a la mezquita solo para pedir un Corán, y me pregunté cómo un lugar tan grande podía estar tan vacío. Yo entendía que Argentina no es un país islámico, pero esta era la mezquita más grande de América Latina.

Ese día en la mezquita, un hombre, quien después se convirtió en mi hermano en el Islam, Ibrahim, me dio un link del Corán, el cual podía descargar desde internet; posteriormente lo imprimí. En tan solo una hora ya tenía el Corán.

Estaba leyendo este Corán que había descargado de Internet e imprimí algunas páginas. El Corán que obtuve estaba en árabe y en español, de esa forma podía leerlo en árabe directamente.

Desde mi niñez yo había leído la Biblia por completo dos veces, y el Gita de la India también dos veces; y ahora tenía el Corán para leerlo y, mucho mejor, en árabe. Mi primer deseo fue aprender árabe, pero mi alma se despertó cuando empecé a leer el Corán. Tal vez fue mejor porque empecé a leerlo en árabe directamente, mientras iba consultando un diccionario.

Alhamdulillah, pude darme cuenta de que lo que el Corán dice eran las partes que estaban faltando en la Biblia. Y me acuerdo bien que entendí, cuando lo leí, que todo lo que el Corán dice perfectamente podía ser la verdad que estaba buscando.

Nadie me habló acerca del Islam, tan sólo la búsqueda de la verdad que Dios puso en mí me llevó allí. La gratitud que tengo con Dios es muy grande. Entre más leo el Corán más me doy cuenta de que este libro fue una revelación de Dios, como era Biblia.

Desde entonces, comencé a ir a la mezquita y en dos semanas dije la Shahadah, el 14 de julio. Estaba seguro de que Muhammad había sido un mensajero de Dios, como lo fue Jesús o Moisés.

Por lo tanto, comencé a leer todo lo que encontraba acerca del Islam y comencé a estudiar árabe en la mezquita. Leí acerca de aqidah (credo), tawhid (Unicidad de Allah), y terminé el Corán en español, debido a que quería leer todo tan rápido como pudiera.

Dos semanas antes de decir la Shahadah estaba yendo a la mezquita a aprender, y sentí que ese lugar estaba lleno de paz. Oré con los musulmanes que estaban allí mientras aún no era musulmán, pero quería saber lo que se sentía postrarse con la frente ante Dios, porque sabía que la intención era importante para Dios.

De esta forma, en dos semanas, aprendí el Salah entero (la oración). Conocí gente especial allí, la gente que trabaja allí.

Amo el idioma árabe y le pido a Dios que me ayude a aprenderlo más rápidamente. Dije la Shahadah con el sheikh Nasir, de Arabia Saudita; él estaba allí en el lugar del sheikh Hamid.

Continué yendo a la mezquita y luego vino el mes de Ramadán, el cual fue una experiencia maravillosa. Pude conocer gente hermosa, y creo que el 2007 fue mi mejor año. Desde que dije la Shahadah no he faltado a un solo salah.

Lo que me resultó difícil fue dejar las mujeres, debido a que tenía novia, pero yo sabía que aquello no hubiera funcionado. Por lo tanto, terminé la relación  y le pedí a Dios que me concediera una buena esposa.

Recuerdo que eso fue lo primero que le pedí a Dios. ¡Y conocí a una mujer, en la misma semana en la que dije la Shahadah! Ella nunca había tenido un novio, y era hermosa.  Entonces, veo lo que Dios puede hacer. Siempre he sido un creyente obstinado, pero ahora no tengo dudas.

Les dije a mi madre y a mi padre que ahora era un musulmán. Mi madre estaba un poco temerosa, pero empecé a tratarlos mejor. Mis hermanos no dijeron nada, tan sólo unos cuantos chistes, pero yo soy más bromista que ellos; por lo tanto, eso no significaba nada.

Obtuve un trabajo, y en mi primer día le pedí a mi jefe un lugar para orar, lo cual no fue un problema, Alhamdulillah. Entonces, mi vida cambió para mejor debido a que empecé a sonreír más y a tratar de actuar bien con todos.

Continué yendo a la mezquita cada vez que podía hacerlo, pero desde que entré a estudiar de nuevo y obtuve un mejor trabajo, difícilmente encuentro tiempo para ir. No obstante, llevo algunos libros para leer, como Sahih Muslim.

La reacción de mis amigos fue graciosa. Alhamdulillah, yo siempre he tenido muy buenos amigos, toda clase de amigos, porque siempre me ha gustado aprender de todo el mundo. Mis mejores amigos son católicos, y practican su religión. Ellos van a la misa cada domingo, e incluso más desde que me convertí en musulmán.

Respondí todas las preguntas que ellos me hicieron. Hasta el día de hoy tienen una gran cantidad de preguntas, especialmente mi mejor amigo y su esposa, ella es de Brasil y son adventistas. También, mi otro amigo, quien tiene una fuerte fe; él y su esposa son católicos.

Le pido a Dios que me ayude a ser un instrumento de su religión, que guíe a mis padres y a mis amigos; pero yo no debo estar triste por ellos, es el destino.

Más aún, mi hermano menor (yo soy el hermano mayor) es agnóstico. Él piensa que yo soy muy malo. Yo oro por mi familia. Mi madre cocina para mí sin jamón. Debo decir que me opongo a algunas cosas en mi familia, pero, ¿qué puedo hacer?

Yo amo a Dios; este amor es más fuerte que el amor por mi familia. Amo al Profeta Muhammad, y debo amarlo a él más que a nadie en esta tierra para ser un verdadero creyente. Amo esta religión, este Din, porque lo mejor que puedo hacer es adorar a Dios.

De hecho, tengo todo lo que hubiera podido soñar jamás: tengo el mejor trabajo que pudiera tener, estoy estudiando de nuevo y preparando mi matrimonio con esa muchacha que Dios trajo a mi vida.

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